Osiris Chierico. Crítico de arte

Poupée necesita someter casi obsesivamente la realidad que ama - la realidad circundante - la de los seres, los objetos, los frutos y las flores a modificaciones que, de alguna manera, la reserven para sí misma. Van Gogh decía que el arte es el hombre agregado a la naturaleza, sólo que en Poupée parece que se invierte el sentido de la definición: es la naturaleza agregada al hombre.
Ahora esa naturaleza aparece entre pliegues de su obra.
Este recurso podría considerarse como la búsqueda de una sensación táctil, pero puede tener además otra motivación: la secreta necesidad de replegarse.
Es una conjetura atractiva como revelación expresiva e incuestionablemente original.
A través de las formas, luz, movimiento, y una fina gama de color, dinamiza Tessio su óptica pictórica que adquiere así singular trascendencia.

Año 1993

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Poupée Tessio aporta a los lejanos ecos del pintor milanés un espíritu poético, afirmado en la riqueza de su vocabulario metafórico una particular forma de sumar elementos significativos a la definición de sus personajes cuyos rostros se integran en aquéllos, como si fueran la clave profunda de su identidad, la revelación de su ser más íntimo. Flores, frutos, animales, seres inventados, objetos de la cotidianeidad, conforman así presencias inéditas, titulares de un barroquismo igualmente revelador, en obras en las que la luz también adquiere calidades irreales, o mejor dicho, pertenecientes a otra realidad, siempre.

Año 1978

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